Jamones y Embutidos Mariano Pascual: Cuatro generaciones y casi un siglo de historia

Todo partió hace casi un siglo, en 1930, con la apertura de una pequeña carnicería en Carbonero el Mayor. En aquel negocio local, los hermanos Virgilio y Jorge Pascual comenzaron a elaborar chorizos de forma artesanal y, momentos antes del estallido de la Guerra Civil, abrieron su primera fábrica de embutidos.

Tras los difíciles años de la contienda, que pusieron en jaque a toda la industria del sector debido a la escasez de materias primas, el hijo de Virgilio Pascual, Mariano, se marchó a Valladolid a estudiar comercio y regresó con ideas renovadas para aquella factoría que había abierto su padre años atrás. Mariano quería centrarse más en la elaboración de jamones y así lo hizo.

En los albores de la década de los 60 instalaron la primera cámara frigorífica en la fábrica, lo que supuso un gran avance en la optimización de la producción, dado que antes sólo se podían llevar a cabo matanzas durante los meses de invierno para que el frío mantuviera en buen estado la carne destinada a la elaboración de los embutidos.

Así, con el paso de los años, la empresa fue aumentando paulatinamente su producción. Con la entrada de España en la Unión Europea, aquella fábrica de Carbonero el Mayor tuvo que ser reemplazada por otra cuyos estándares cumplieran con la nueva normativa. En 1991 inauguraron las actuales instalaciones ubicadas en la localidad de Tabanera la Luenga, a tan sólo pocos kilómetros de su lugar natal. Con el paso de los años han ido ampliando la planta hasta los 6.000 metros cuadrados con los que cuentan hoy en día.

Actualmente, disponen de nueve cámaras con equipos de frío y calor y 3 secaderos naturales, donde el jamón va pasando por distintas condiciones de temperatura y humedad y se va curando. En uno de estos secaderos naturales, nos cuentan que podrían llegar a caber hasta 50.000 jamones colgados en las jaulas.

Cristina Pascual, hija de Mariano, lleva con orgullo el sello de la tercera generación en la elaboración de jamones y embutidos y cuenta con el testigo de su hija Cristina, que será la que continúe el negocio familiar iniciado por su bisabuelo a principios del siglo XX.

Este es un gran ejemplo de cuatro generaciones comprometidas con el sector agroalimentario de nuestra provincia y que han visto a lo largo de un siglo la evolución en la elaboración de jamones, además de experimentar la gran transformación de la industria gracias a la irrupción de la tecnología, que ha permitido optimizar los procesos para ofrecer un producto de calidad y con todo el sabor de la campiña segoviana.

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